Rabietas: comportamientos cotidianos

¿Qué son las rabietas?

rabietasComo madre de dos hijos he sufrido eso que conocemos como rabietas y que a los adultos nos puede llegar a generar un estado de ansiedad indescriptible. No sabemos qué hacer, cómo calmarlos y eso nos produce un gran malestar.

Según los especialistas las rabietas son manifestaciones comportamentales desproporcionados, intensos y de corta duración, donde el niño llora, grita, patalea, puede llegar a tirarse al suelo e, incluso, agredirse a si mismo, a un objeto cercano o a un tercero.

Su origen suele estar en el conflicto existente entre los deseos de autonomía del niño y las limitaciones que le vienen dadas por su edad, donde su capacidad de lenguaje no les permite expresar con palabras sus necesidades o sentimientos. A ello cabe sumar la existencia de otros factores que pueden facilitar su aparición o su intensidad, tales como: el sueño, el hambre o cualquier tipo de incomodidad.

Estas suelen aparecer durante el primer año, incrementando su aparición durante los 2 años y llegando a mantenerse hasta los 3, momento en el que suelen empezar a desaparecer. Los especialistas destacan que entre el 50% y el 80% de los niños de 2 a 3 años tienen una rabieta a la semana y un 20% tienen una rabieta al día.

Ante una rabieta ¿cómo debemos actuar?

En primer lugar los especialistas aconsejan  tratar de mantener la calma y el control de la situación, tarea nada sencilla.

No regañar al niño y no gritarlo, ya que con ello no vamos a solucionar nada y, por el contrario, vamos a generar más inseguridad, además vamos a proporcionarle un mal ejemplo de conducta.

rabietasTampoco intentar razonar con el niño, ya que en ese momento no nos va a escuchar.

Bajo ningún concepto y con la finalidad de que se calme concederle aquello que él quería y que ha provocado la rabieta. Ya que si lo hacemos estaremos reforzando su conducta y la rabieta se repetirá.

En esta misma línea de argumentación es totalmente desaconsejable ofrecer al pequeño premios o recompensas para que abandone la rabieta.

En las fases iniciales, y siempre que te encuentres capacitado para hacerlo, puede ayudarte añadir a la situación una dosis de humor y trata de distraer al niño desviando su atención hacia otra actividad u objeto.

Si aún así el niño no logra controlar la rabieta y si la situación lo permite, porque no entraña riesgos para su seguridad e integridad, puedes adoptar una actitud de indiferencia, haciendo que ignoras su comportamiento. En esta situación recuerda que no debes mostrar tu enfado, ni hacer promesas o proferir amenazas.

Una vez que haya finalizado la rabieta no le castigues, no le grites, trata de darle seguridad y afecto pero sin exceso, es decir, no lo mimes, no vaya a entenderlo como un premio a su actuación. Y trata de hablar con él o ella, explicando lo inadecuado de su comportamiento.