Los brazos no malcrían a los bebés

¿Los brazos malcrían a los bebés?

los brazosSobre esta cuestión se ha escrito mucha literatura. Seguro que muchas veces te han dicho que los brazos malcrían a los bebés. Cuando oyes a tu hijo llorar tu primer instinto es cogerlo, arrullarlo en tus brazos. Pero la matrona, familiares o amigos te han desaconsejado hacerlo con una única explicación, que a ti misma te cuesta entender: “los brazos malcrían“. Pero ¿realmente dar calor, protección y cariño a tu hijo, un ser indefenso, que no se vale por sí solo, es concederle excesivos caprichos o sucumbir a su voluntad sin acotarla dentro de los límites establecidos por la norma social comportamental que se considera correcta? Tengo mis dudas al respecto.

los brazosNo debemos olvidar que un recién nacido pasa por un proceso de exterogestación. El parto no debe significar una separación entre la madre y el bebé, sino una continuación de la dependencia existente, pero fuera del útero, donde el entorno cambia y con él nuestras sensaciones y sus manifestaciones. El calor intrauterino se transforma en frío ambiental. El espacio en el que se desenvolvía el pequeño durante la gestación se hace tan grande que asusta ¡No hay paredes que contengan al bebé! El modo de alimentación se ve alterado y exige a tu hijo que adquiera nuevas destrezas que hasta ahora no eran necesarias. Todo ello significa un cambio de gran magnitud para el pequeño, quien debe adaptarse rápidamente a esta nueva situación y, probablemente, al hacerlo se sienta desprotegido y asustado. El olor de lo conocido, el calor corporal, los límites físicos que proporcionan los brazos deben ayudar en este proceso de acomodación a esta nueva realidad.

Los brazos no malcrían, crían niños más autónomos, cooperativos y con mayor confianza en sí mismos

los brazos Las nuevas corrientes psicológicas confirman que los brazos no malcrían, sino que por el contrario, educan. Ofrecer a un bebé un entorno cercano al conocido a su vida intrauterina, lo reconforta y favorece la transición de un estado a otro. Coger a tu hijo en brazos siempre que llore no es negativo, sino todo lo contrario. Esta práctica es recomendada por los profesionales, quienes aconsejan mantener esta rutina hasta que el bebé comience a desplazarse de forma autónoma, cuando empiece a gatear o andar, aproximadamente los nueve meses. Corriente que se identifica con la afirmación de “Nueve meses dentro y nueve meses fuera” Cuando tu bebé llore y lo cojas en tus brazos estarás contribuyendo a su bienestar, no solo en ese preciso momento, sino en su futuro. Los niños que reciben el calor de los brazos de sus padres cuando lo demandan, reducen su estado de ansiedad y desconfianza a un entorno que les resulta hostil. La seguridad que proporcionan los brazos de alguien en quien se confía proporcionan serenidad y calma. Según los especialistas, este estado en la infancia tendrá repercusiones en la vida adulta. La crianza afectiva, donde los brazos están presentes, contribuirá a crear adultos con más seguridad en sí mismos, más autónomos y cooperativos. Su ausencia, por el contrario, motivará la aparición de adultos pasivos, taciturnos, desconfiados e individualistas.

Los brazos son tu aliado en una crianza saludable. Y en su defecto, si te resulta difícil mantenerlo en tu regazo tanto como te gustaría, siempre puedes portarlo con ayuda de un portabebés. Esta es una opción estupenda para estrechar el vínculo afectivo con tu hijo. Coger a tu hijo en tus brazos o con un portabebés, mirarlo en proximidad, besarlo y mecerlo no es malcriarlo, solo es la mejor manera de estrechar vínculos afectivos que incidirán sobre el desarrollo emocional, fisiológico, social y de conducta del niño para toda su vida.